Oh Bolombolo, país exótico y no nada utópico
en absoluto! Enjalbegado de trópicos
hasta donde no más! Oh Bolombolo de cacofónico
o de ecolálico nombre onomatopéyico y suave
/ y retumbante, oh Bolombolo!
Por aquí se atedia, en éste se atedia por modo
violento la fantasía; monótono
país de sol sonoro, de excesivas palmeras,
/ de animalillos zumbadores,
de lagartijas vivaces, de salamandras y camaleones,
cigarras estridulantes, verdinegros sapos rugosos,
/ y melados escorpiones.
Por aquí refractan, en éste refractan luces blancas,
y todo reverbera como innúmeras estatuas
de sal, o como una falange elefantina recamada
de pulidos escudos, o como las trompetas en la
bárbara
marcha de los dioses que entran al Walhalla,
o como la carga
de coraceros de Ney en la planicie desolada!
Y resécanse los prados de las colinas y llanadas
y de las vegas y lomas y abras,
e irradian los belígeros soles
dardos y flechas y virotes!
Y sólo en la noche azul la astral urdimbre
tiende su velo de Tánit inasible!
Oh Bolombolo, país de tedio
badurnado de trópicos, país de tedio,
país que cruza el río bulloso y bravo, o soñoliento;
país de ardores coléricos e inhóspites,
de cerros y montes
mondos y de cejijuntos horizontes
despiadados. País de vida aventurera. País de
/ rutilantes playas de esmerilado cobre
—tortura de mis ojos zarcos y cuasi nictálopes—,
país de hastiados días y días turbulentos, y de noches
que alargan los recuerdos insomnes.
Y sólo en la noche azul la astral urdimbre
tiende su velo de Tánit, intangible.
Oh Bolombolo, país exótico y no nada utópico
en absoluto, seguramente! Enjalbegado de trópicos
hasta donde no más! Oh Bolombolo de cacofónico
o de ecolálico nombre onomatopéyico y suave
/ y retumbante, oh Bolombolo!
Por aquí se atedia, en éste se atedia por modo
violento la fantasía: antitético Polo!,
paraíso apenas para el farniente y el ocio
del obtuso bolonio,
como del soñador... País de vida aventurera!
/ Cosa de cine! Caza del oro!
¡Síntesis de los Saharas y summa de los Congos!
Monótono
país de sol sonoro.
Los días se siguen idénticos, iguales, uniformes.
Las sienes agóstanse como flores
efímeras. Por mal de amores,
por mal de ausencia los corazones
cargan cadena en el penal de tus soles!
Y los recuerdos alargan las noches insomnes
hondas de silencio y de constelaciones!
Y sólo en la noche azul la astral urdimbre,
—sobre mi cansancio ilímite—
tiende su velo de Tánit, imposible!