Balada de los búhos estáticos
A mis hermanos los búhos como una santa palabra, como un confuso diseño, esta balada macabra. Envío
I
La luna estaba lela
y los búhos decían la trova paralela!
La luna estaba lela,
lela,
en el lelo jardín del aquelarre.
Y los búhos decían su trova,
y arre, arre,
decían a su escoba
las brujas del aquelarre...
En el jardín los árboles eran rectos, retóricos,
las avenidas rectas, los estanques retóricos...
retóricos,
y en fila los búhos, rectos, retóricos, retóricos...
Y allí nada se vía irregular:
los bancales en forma regular
—cuadrados, cuadrados—
las regulares platabandas,
los árboles endomingados
geométricamente; conos, dados...
todo perfecto, exacto, regular.
Y eran las sombras semejantes,
y los perfumes semejantes,
y los aromas semejantes,
y, en medio de todo, los búhos
decían idénticos dúos
semejantes, los idénticos búhos!
Oh jardín de mis sueños neuróticos
donde ensueñan cerebros caóticos
ensoñares macabros, exóticos!
Y los búhos tejían la trova paralela,
y la luna estaba lela,
y en la avenida paralela
las brujas del aquelarre
torvas decían: arre! arre!
escoba, escoba del aquelarre!
II
La luna estaba lela
y los búhos decían la trova paralela.
—El padre de los búhos era un búho sofista
que interrogó a los otros al modo modernista:
los búhos contestaron, contestaron la lista..—
Y eran seis bellos búhos plantados en la rala
copa de un chopo calvo. Y el prior agita el ala
y al instante se inicia la trova paralela,
trova unánime y sorda, extraña cantinela
que coloquian los búhos ordenados en fila.
El búho más lejano su voz de flauta hila...
El que le sigue canta como un piano de cola,
un otro es la trompeta, y entre la batahola
se acentúa el violín, y todo el coro ulula
la macabra canción que el conjunto regula.
La luna sigue lela,
lela,
y sigue la trova paralela...
III
Ya se ha ido la luna.
Ya los búhos cesaron la trova inoportuna:
el jardín ha nacido con el alba radiosa;
el estanque palpita, —nada, nada reposa.
Los niños triscan, triscan por el jardín florido,
y las aves ensayan su arrullo desde el nido!
Los estáticos búhos huyeron de la extraña
lumbre del sol que todo lo falsifica y daña.
Los estáticos búhos huyeron, y en su hueco,
—oculto entre las ramas del chopo calvo y seco—
aguardan el exilio del sol que adula y finge,
que ilusiona y que irisa, y aguardan que la esfinge,
—la muda y desolada y la fría— la luna,
se venga con la noche, se venga lela, lela,
para decir de nuevo la trova paralela!
A mis hermanos los búhos
como una santa palabra,
como un confuso diseño,
esta balada macabra.
Envío
1914 · Medellín