Poemilla de Bogislao Relato de relatos derelictos

I

Pero yo no sabía.
Y tenía en olvido sueños y subsueños y tras sueños y soto sueñecillos tácitos y latentes,
abolidos o ausentes,
no nacidos jamás o ya difuntos desde
no todavía aún vïables ni engendrados siquier en cierne,
o, apenas advenidos, y —antes— fugados céleres,
o nunca urdidos ni tramados. Quizá cativos cautivos en rehenes.
Su canción soterraña cantaba sólo para mis sólas mientes,
ante mis sólas sienes,
para mi mesto espíritu, mi jubilante espíritu, mi corazón en sangre e indemne,
y en sensual idealismo, en idilio, en pasión, en éxtasis excelso, en sexo, en sémen...
Su canción soterraña torturadora, lancinante, proclive, terebrante, artera, astuta, aleve,
jamás audible, vibrante siempre
como lontano batir de timbalillos, trémulamente,
con un basso ostinato, huésped
arcano, armónico asistente.
Y tenía en olvido sueños y tras sueños y subsueños lueñes;
sueños que no asumieron nunca forma verbal perenne,
forma sonante ni transitoria, vágula —aún endeble—.
ni forma plástica ni musical, ni imaginaria, en tránsito, en proyección a intemporal supérstite,
ni forma algotra musical, friable o estable, y a que el Viento se los lleve...
Jamás así los amancille profana gente,
jamás así los macule y los vulnere
trinca inane, piara, traílla, zurrapa bazofial —bufe o se huelgue—,
nunca así los babée limaza alguna, ni pánfila cohorte; ni aborregadas huestes
mesnaderas —tropillas de Panurgos, reata de acémilas al madrino sumisas sumamente,
corro mendaz, turba furaz—; ni mercenarias greyes
ni rahez subprogenie,
los zarandéen.

Pero yo no sabía.

Teníalos sepultos en el plúteo y entre nieve,
como a cultivos biológicos, a que no mueran:gérmenes
letales, tóxicos, de activa virulencia inerte,
generadores —potenciales— de milenaria hórrida peste;
o panacea tonta y anodina e imbele.
Sueños que no escandieron jamás nunca su miserere,
su epitalámico alborozo, ni su reír alegre,
su palinodia, menos harto que más y un poco menos que subvasalla y de pelele,
ni su burla drolática: —si aviesa, arde y escuece—,
y —lustral, lenitiva— letifica y deterge;
ni su gelasmo frío; ni su procaz carcajada que escalpe y que desuelle,
ni su sarcasmo áspero, ni su estoico sonreír indiferente.
Sueños que no asumieron temporal osatura ni atuendo musical a que los sueñe
como propios el zafio, ni formal si esbozada apenas
suyos estructura, a que los estropée
quien como suyos los discante, o que sean atarraya con sus radiales redes
capciosas, para atrapar moscardones ni petimetres...
Sueños no esparaveles...:

No así Pandemos los corée
nunca, jamás los tararée Aristo térete,
los taracée o pedacée boquirrubia, barbilinda ojiverde
recitatriz, o endrina o blonda Musa, décima de las Piérides...
Jamás así avillánenlos pulcelas ni donceles,
doncelluecas beligerantes ni narcisetes
pentadáctilos, ni bifrontes bilaterales mozalbetes,
ni dueñas quintañonas, ni pínnicas viragos célibes
—si funcionales—, ni bastarda apolínea sotoestirpe,
oficiantes ni plebe
sorda, ni patricia morralla claudicante y enclenque,
—tarada en más—, ni reimídica mesocracia decadente:
Cimeros, intangibles, infrangibles, incoercibles, los sueños tácitos y lueñes y latentes.
Pero yo no sabía.
Quizá yo ni lo supe, ni lo sabré, sino tan vagamente,
o, ni, a secas, lo sabré nunca, y ni si lo supiere:
tánto me va como me viene...
Sueños, ensueños y ni sueños, ni sus afines ni sus congéneres...
Marea tácita son, que apenas sí se mueve.
Marea lueñe, latente, que apenas lo parece
o lo semeja o lo simula, para mareas en serie.
Marea estática: sorda o muda y estéril,
proliferante, voceante y audiente.
Callada, inmóvil: no sé cómo susurra, desencadénase y se desprende...
Y estentórea y kinética: cómo se para y enmudece
y rompe filas, inicia rumbo avante, y, desasida, sale de su sede.
Su paso tardo. Su rauco canto balbuciente.
¡Lázaro no! resepulto: que no hieden
y antes aroman con almizcles y nardos y bálsamos y mieles
—de Marta y de María exhálitos, madores y relente—
atán sexuales: mirras, ungüentos y sales, zábilas y leches...
¡Lázaro no!, que esos sueños dormitan entre hialinos hielos de Selene
(que es frigorífico satélite
para ensueños yacentes,
para sueños setenta-veces-siete sueños durmientes)
¡Lázaro no!, sino sueños en el almácigo simientes!

II

Brotan ahora todos los sueños, surtidores canoros
(ruiseñores bulbules), —palmeras esteli-dáctilas (verdegayes Apolos,
Marsyas zinzolines y Momos policromos)—,
surten, irruyen todos los sueños: voces viriles (sobran gorjeos y gorgoritos y gorigoros).
Saltan ahora todos los sueños, alcotanes y neblíes y azores, —desde sus hórreos—,
halietos, gerifaltes, halcones borníes eufóricos
y tagres y alfaneques y sacres y esparveres jubilosos!
(No a la caza de pieza alguna! ¡No llevan rumbo ni meta ni piloto,
ni derrotero ni objetivo! ¡Vacantes son y en huelga, sueños ensueños en ocio!).
Saltan ahora todos los sueños, a que zozobren —procelarias— en los Pontos;
saltan, para que el Viento espárzalos, alíferos farautes estentóreos,
¡a que el Viento dispérselos, favilas hechas Coros!

III

Saltan todos los sueños, uno tras otro:
Soy el sueño Tristán de Leonís, Amadís, Páris, David,
Lancelot loco!
Si la brunda o la blonda, si la endrina, la de crencha melada, si la del ébano noctuoso!
Si Ulalume, de antaño, si Xatlí, primavera una vez, otrora fresco otoño,
y ogaño como ayer siempre y nunca mi gozo,
y si Agláe, en mi véspero orto,
y si Abisag, Zumurrud, Belkís de aguamarina —sinople y garzos oros...!
Abisag de un David casi tan mozo!
Belkís de un otro Salomón quizá no exactamente tan sumamente salomónico!
Zumurrud de un Al-Eddín de lámpara y anillo meramente simbólicos...!
(Soleimán-ben-Daúd, el sabio..., sabio non troppo ma con fuoco...
Daúd ducho en la honda y en el arco y el arpa, asaz toriondo...
Tañedor de laúd, Al-Eddín, oculto al fondo
—que es comparsa en la farsa, sólo—.
David y Salomón, oh, qué binomio
poético y sexual, musúrgico y erótico!)
Al-Eddín, un poquillo de lo propio...
Soy el sueño Tristán, Lancelot, Sergio, Hamlet, Amadís, Páris, Tantrís y Proclo!
Mi flor y mi color y mi perfume y mi música y mi sólo tesoro,
—partenia o frutecida— la obscura dahlia de abisales ojos,
Ginevra, Helena, Suáty, Annabel y Eunoe, u Oriana e Iseo, las del blondo
cabello de platino o de melena medúsea de flamante rogo
—rojizo öro y un poquitín de cobre— y todas ellas de corazón proceloso!
Morena, rubia o bermejuela o de melados musgos! Mi profesión: apenas, —mondo—,
por siempre amar a Isolda, a Iseo, múltiples, y morir de sus filtros de amor, de lascivia y de odio...!
Soy el sueño Tantrís de Leonís, lueñe y remoto;
Daúd, hondero, arpista, pastor, poeta, doñeador ávido y goloso;
soy el sueño Amadís, el sueño Páris, el sueño Hamlet frío, metafísico, abstracto, ausente, erótico absorto,
moroso erótico molondro
—quizá a control remoto—
lujurioso latente, si introvertido esquizóideo;
soy el sueño Tantrís y Fausto y Al-Eddín, Palamedes, Euforio,
sátiro, fauno y una tercia filósofo
—si no epicúreo, a ello próximo
como vecino a hedónico
(no tan estoico)—,
Tristán y Gerineldos, Soleimán, Lancelot, Sergio Stepánovich Stepansky, Rizzio y Apolodoro!

Laus Leo

16 Viii 1947 - X 1948 - Ultima revisión 3/12 I 1957

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