Relatos de Proclo
I
Spiridión, biznieto de Mordecai y chozno
de Ebenezer, propugnador de Basra,
casó con Amonasra
(hija de Radamés y Aida).
Si cuando canto, como es uso, vozno,
no se le tome a mal, que así es la Vida... Chozno de Ebenezer, Spiridión, biznieto
de Mordecai, hijo fué de Patroclo
—no de su homónimo el homérida,
de amistades dudosas con Aquiles—,
dudosa amistad con el
de Patroclo, labriego intrascendente
roturador del agro,
cónyuge de Bilitis.
Lo narra Proclo el Turbio, relator obsoleto,
por los cerros de Úbeda o de Mérida
vagante, discurriente.
Menester es que enfiles,
presto, aprisa y la cláusula cadente coloques bien, y operarás milagro! (Dícele, a flor de oídos, otro Zoilo).
Spiridión, Spiridión el Daca-y-Doylo
hijo fué de Patroclo y de Bilitis,
liberta macedonia,
y ex-soprano (tras una laringitis
que la llevó a la máxima afonía).
Ex-soprano, danzante experta, de proa babilonia
y de ojos flechas donde los ponía.
Spiridión, Spiridión el Plácido
gustó el durazno ácido
si la pera en sazón
y maduro el alfóncigo como el melocotón.
II
Proclo y Baruch singlaron a una región sin nombre
y allí —por años lentos— despareció su rastro.
Su vida soterraña
se desconoce.
Alguien (Apolodoro, quizás? Acaso Glauco?)
desde un puerto perdido —ningún mapa
lo registra—
ritmada aquesta recibiera epístola.
III
Desde esa tarde
—Julio aciago, llovizna sempiterna,
sol a guiños, ceñuda nonchalanza
oteante, avizora del mentido
lucero que soñé de brillo ilustre—
desde esa tarde sepulté mi sordo
desdén en alto anhélito de fuga.
Despareció mi sombra
En la voz del poeta