Gira la negra, gira la luna, gira la negra luna, gira sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita —sobre sí propia— y canta: —¡Bah! ¡Canciones! ¡Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Viva!
II
Oye el Viaje de Invierno, de Franz Schubert, y El Rey de los Alisos, y El Doble y Ganimedes y Ante el mar, y de Schumann, Amores de un poeta, y de Duparc, Invitación al viaje y La vida anterior..., y de Chopin, Preludios y Nocturnos: tú, soñador romántico; tú, doliente elegíaco.
III
Oye la voz serena, la voz profunda óye de Bach —añosa encina, inmensurable selva, órgano él mismo y templo de la harmonía—: tú, sereno y profundo. Y de Mozart el diáfano y sortílego, y de Haydn y Franck, la cortesana y la mística voz, inconfundibles, tú, gustador de lo pulcro y etéreo.
IV
Los Cánticos y Danzas de la Muerte, y Sin Sol, de Musorgski, tú, angustiado, febril, hiperestésico; y Borís Godunóv, Borís Godunóv, óye, (bárbara gesta, miedo, sangre, lujuria y fausto) tú, Sátrapa en los sueños...
V
Y, catador sutil de quintaesencias, gústa la mediatinta debussyana, pesquisidora de inusados timbres y lontanos acordes, en un dorado ambiente de calígine.
VI
Y, borracho de lumbres y colores, óye, de Rimski, Antar y Xeherazada y El Gallo de Oro —vértigo y lascivia—; mas, si de ritmos ebrio, tú, frenético danzarín, dánza todas las furias de Stravinski —del sabio y del bufón mezcladas dósis—: fino humor, ricos timbres, forma clara (sobria, o en concertado cataclismo). Vii Y óye, en la noche, y en Tristán e Iseo, la voz vigía de Brangane, plena de lo fatal, o el corno quejumbroso; si no los Funerales de Sigfrido; o el Tránsito al Valhalla, milagroso tumulto.
VIII
Y tú, plasmado en bronce, los vastos himnos óye, óye las soberanas sinfonías con que la voz del Sordo el orbe nutre! Las acendradas síntesis: sonatas y quátuors, insólito prodigio, filtros puros: la Misa en ré, misterio panteísta, denso peán a la Naturaleza! Y el trágico clangor de Coriolano...: óye la voz del Indomado Prometeo, óye la voz del Sordo, óye la voz del Sordo!
IX
Gira la negra luna, gira sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita —sobre sí propia— y canta: —Bah! Ficciones! Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Misma!
La música en León de Greiff y Otto de Greiff
Por Darío Valencia Restrepo
El siguiente texto es una adaptación del guion para una emisión de Tertulia Divertimento, un programa musical que se transmite semanalmente bajo la dirección del profesor Alberto González por la emisora cultural de la Universidad Nacional de Colombia-Sede Medellín.
Como fundamental fue la relación de León de Greiff y Otto de Greiff con la música, se intentará a continuación un esbozo del significado y alcance de dicha relación con base principalmente en sus escritos y también en el recorrido vital de tan distinguidos hermanos.
Sus trayectorias en la Universidad Nacional de Colombia
León de Greiff estudia ingeniería durante varios años en la antigua Escuela de Minas, de Medellín; con posterioridad, a partir de 1940 y por un período de casi tres años se desempeña como profesor de literatura y redacción en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional en Bogotá; y luego, en 1946 es nombrado profesor de historia de la música en el conservatorio de dicha universidad, posición que mantendría por más de tres años. Después de su muerte, el Consejo Superior Universitario expidió una declaración de encomio al maestro y tuvo el acierto de designar con su nombre el auditorio central de la Universidad Nacional en Bogotá, auditorio que se ha convertido en una importante sala de conciertos para la capital.
Por su parte, estrecha fue la relación de Otto de Greiff con la mencionada universidad, debido a que se graduó como ingeniero de la Escuela de Minas en la década de los años veinte, y más tarde fue secretario general, rector encargado, decano y profesor en diversas facultades, especialmente en el campo de la matemática, y en el Conservatorio de Música. Completó entonces una extraordinaria vinculación de más de cincuenta años a la institución si incluimos sus años como estudiante.
La saga de los de Greiff
Si nos remontamos lo suficiente, la saga de los de Greiff nos lleva a Suecia, en donde encontraremos un mayor de Upsala y un barón imperial, caballeros de la espada y varios coroneles que sirvieron en las guerras emprendidas por los soberanos de dicho país. Y nos toparemos con un antepasado de nombre Juan Luis Bogislao que tuvo el honor de salvar la vida del rey Gustavo IV y por ende impedir la anarquía y la guerra civil en Suecia, según lo señalado por el propio rey en sus memorias. Y aquí encontramos una interesante relación musical, pues el mencionado rey fue hijo del Gustavo III asesinado en un baile de máscaras, fundamento histórico para la famosa ópera de Verdi.
Precisamente, el dicho Juan Luis Bogislao fue el padre de Carlos Segismundo de Greiff, iniciador de la presencia del apellido en Colombia. En 1825, nuestro país firma un empréstito con banqueros ingleses y a ellos se les ofrece la explotación de yacimientos auríferos de minas abandonadas por los españoles. Entre los ingenieros europeos que se desplazaron estaban el mencionado Carlos Segismundo, Tyrrel Moore y Jean-Baptiste Boussingault, todos los cuales contribuyeron a la modernización del trabajo minero y enriquecieron el conocimiento científico y técnico de Colombia.
Uno de los hijos de Carlos Segismundo, de nombre Oscar, fue el padre de Luis de Greiff Obregón, senador de la república, amigo personal del general Rafael Uribe y padre de los hermanos León y Otto.
Otto y León de Greiff, hermanos en las letras y en el amor por la música. Fondo León de Greiff. División de Gestión Documental Archivo Central e Histórico, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá
¿Cuál era el músico y cuál el poeta?
Para muchos colombianos, en especial de las dos últimas generaciones, el nombre de León ha estado íntimamente asociado solo con la poesía, en tanto que el de Otto lo ha estado solo con la musicología. Pero esta percepción cambió en forma sustancial en razón de dos acontecimientos editoriales ocurridos en los primeros años del naciente siglo XXI y ambos a cargo de la Editorial de la Universidad de Antioquia. Que el alma mater del departamento se haya encargado de lo anterior es un hecho pleno de connotaciones, ya que ambos hermanos son entrañablemente antioqueños y ambos nacieron en Medellín: don León en 1895 y don Otto en 1903.
En el año 2001 aparece el libro Grafismos del grifo grumete, una recopilación de la obra poética de Otto de Greiff que se debe al cuidado y esmero de su hija Ilse de Greiff. Pocos antecedentes esporádicos se conocían al respecto, pero esta descendiente tuvo la feliz idea de escudriñar los voluminosos y diversos archivos de su padre hasta encontrar en unos olvidados cajones unos cuadernos que recogían la obra poética del joven Otto.
Como el insigne poeta Rubén Darío nació en la ciudad de Metapa y falleció en la de León, ambas poblaciones de Nicaragua, don Otto aprovechó con gran sentido del humor estas circunstancias para firmar con el siguiente seudónimo la presentación de un trabajo sobre tan distinguido poeta: «León Metapa».
En el año 2003 sale a la luz pública el libro de León de Greiff titulado Escritos sobre música, que recoge una porción significativa de los textos del poeta para programas musicales que se transmitieron semanalmente por la Radiodifusora Nacional de Colombia durante toda una década. No debe olvidarse que el maestro León hizo parte del grupo de intelectuales y artistas que fundó dicha emisora el 1.º de febrero de 1940. Incluye el libro los libretos para las series Mil noches y una noche, Poesía y canción, Música de cámara y Varios.
Don León
El libro Escritos sobre música fue posible gracias a la insomne labor de Hjalmar de Greiff, hijo del maestro León, quien con especial devoción y cuidado se ha convertido en guardián y rescatador de la inmensa obra de su padre, y quien también es un reconocido musicólogo en especial por su importante labor al frente de la Radiodifusora Nacional.
Como el maestro León dirigiera en la década del 40 la revista Música, órgano de la Orquesta Sinfónica Nacional, vale la pena citar lo que aquel dice con respecto a los propósitos de la revista:
«Se pretende crearle a la música, a LA MÚSICA (no a determinada música) un mayor ambiente... Informar acerca del movimiento musical universal, especialmente en el continente americano, y —de preferencia— en su porción indo-latina. Difundir conocimientos generales sobre las obras máximas y aun sobre las menores, así como presentar pequeñas monografías y resúmenes biográficos de grandes compositores, conductores y ejecutantes... Para todo ello, el director de la revista no es —ni poco— el más indicado. Pero pondrá su entusiasmo melómano —que no es discutible— al servicio de ella. Con ese entusiasmo y con la cooperación de los sí sabedores, quizá sea posible hacer algo en beneficio de un mejor conocimiento y de una mayor difusión, entre nosotros, del milagro de los sonidos.»
Poesía y música
En la revista Al margen apareció en su número de marzo de 2006 un artículo con la transcripción de un ciclo de tres conferencias pronunciadas en 1974 por Estanislao Zuleta, en la Universidad de Antioquia, con el título «La poesía de León de Greiff». De allí extractamos estas palabras:
«La verdadera poesía, como lo han mostrado los grandes analistas de la poesía moderna, del llamado verso libre, en realidad nunca es tan libre. Toda poesía es música, es empleo musical del lenguaje, aparte de otras cosas. Su sonoridad puede ser con rima o sin rima, con una métrica clásica o sin ella. Pero la construcción sonora nunca está ausente. Lo que ocurre es que en el mundo moderno a veces se confunde la poesía en verso libre con la fantochada; es decir, con una mala prosa cortada en pretendidos versos... Probablemente es más difícil satisfacer en verso libre que en verso clásico las exigencias musicales consubstanciales a la poesía.»
Corroboraríamos lo anterior con una certera máxima de un escritor francés del siglo XIX: «La ciencia es para los que aprenden, la poesía para los que saben».
Las significativas relaciones de la poesía de León de Greiff con la música han sido estudiadas por un buen número de autores. Entre las obras de referencia se destacan: La música en la poesía de León de Greiff, tesis de maestría de Margarita María Velásquez (Universidad de Antioquia, 1998), y el libro homónimo de Hernando Caro Mendoza, publicado en diciembre de 2005 con el auspicio del Ministerio de Cultura.
Para empezar, deben destacarse las referencias al mundo musical y el aprovechamiento de su lenguaje y su terminología en la obra del maestro León. Hay frecuentes menciones y resonancias de compositores, obras, formas musicales, instrumentos y aspectos dinámicos de la interpretación.
No seas pendejo, Leonardo, que mi poesía ya tiene música.
La tesis de Margarita María Velásquez
Escribe con mucha propiedad Margarita María Velásquez en su tesis de maestría:
«Formas estructuradas tales como la fuga y la sonata que se basan en el contrapunto o contraposición temática, la primera, y el bitematismo, la segunda, permiten al poeta expresarse en torno a temas trascendentales como lo paradójico y contradictorio del amor y las ambivalencias propias de la naturaleza humana; formas más libres como el nocturno, la fantasía y la romanza hacen posible la expresión del ensueño, la magia, la fantasía y la pasión. El scherzo, forma musical de carácter burlesco y juguetón, hace posible la manifestación de la ironía ante la dualidad vida-muerte.»
Sonoridad y sintaxis
Una propiedad distintiva tiene que ver con la musicalidad de los versos greifanos que se deriva de la sonoridad de sus palabras y peculiar sintaxis. Stephen Mohler afirma que la musicalidad del poeta nacional supera la de los simbolistas franceses, en particular Verlaine, y que ha llevado esa cualidad hasta sus últimas posibilidades; en buena medida, por su profundo conocimiento de la música clásica.
A de Greiff lo atrae el lenguaje musical por su poder de sugerir sin nombrar y por su capacidad de expresar los afectos o las pasiones. De ahí las impresiones, efectos y emociones que el poeta logra en el oyente mediante analogías o imágenes musicales de diverso orden.
Oh Bolombolo, país exótico y no nada utópico
en absoluto! Enjalbegado de trópicos
hasta donde no más! Oh Bolombolo de cacofónico
o de ecolálico nombre onomatopéyico y suave y retumbante, oh Bolombolo!
Por aquí se atedia, en éste se atedia por modo
violento la fantasía: monótono
país de sol sonoro, de excesivas palmeras, de animalillos zumbadores,
de lagartijas vivaces, de salamandras y camaleones,
cigarras estridulantes, verdinegros sapos rugosos, y melados escorpiones.
Instrumentos musicales
Un primer aspecto específico se refiere a un tratamiento del verso que hace evocar en el oyente el timbre o color de algún instrumento musical. Son numerosas las asociaciones con instrumentos de cuerda, madera, metal, teclado y percusión, algunos de ellos bien antiguos. El carácter del instrumento viene evocado por cierta sonoridad de la poesía, expresada por el ritmo, la rima, el empleo de determinadas consonantes y vocales, la acentuación, la aliteración.
Un representativo ejemplo lo encontramos en la Sonatina para flauta y piano en Sol menor:
El tañedor de flauta
—como es la noche indiferente—
presta al silencio espacio, si no le roba oídos,
para esparcir la discontinua seda
de su felpada melodía.
Se afila,
titila,
cintila:
—destila
frágiles notas,
donde el cegado ruiseñor ensaya
fundir claros acordes y destacar silbantes
sollozos cristalinos.
Mención de compositores
Un segundo aspecto específico tiene que ver con la mención y evocación sonora de compositores y obras, principalmente de la cultura alemana. Aunque el más citado es Wagner, quien parece haber ejercido mayor influencia desde la temprana edad del poeta, es Beethoven quien mayor impacto tuvo, tal como bien lo sustenta Caro Mendoza. Otros compositores que aparecen con mayor frecuencia son Schubert, Bach y Debussy.
Y orquestaciones wagneristas,
—trompas y tubas y trompetas—,
o serenatas mozartistas
y sinfonías y retretas
de los maestros exorcistas,
beethovenianos, —si os parece—,
que en el Salón (bombos o arpistas)
los Panidas éramos trece!
León de Greiff ante la casa donde vivió Johann Sebastian Bach entre 1708 y 1717, y donde nacieron sus hijos Wilhelm Friedemann, en 1710, y Carl Philipp Emanuel, en 1714. Weimar, Alemania, con ocasión del Encuentro Internacional de Escritores celebrado en esta ciudad y en Berlín en 1965. Fondo León de Greiff. División de Gestión Documental Archivo Central e Histórico, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá
Formas, texturas y tiempos
Un tercer aspecto específico tiene que ver con la utilización por parte de don León de formas, texturas y tiempos musicales para definir la estructura, el tono, el ritmo de sus poemas. Desde la Grecia clásica se había establecido una correspondencia entre los ritmos prosódico y musical. Así encontramos en los títulos o la organización de ciertos poemas configuraciones musicales como sonatas y sonatinas, baladas, scherzos, nocturnos, rapsodias, fantasías, preludios... a veces con indicación de los correspondientes tempi o tiempos.
Como se trata de un destacado ejemplo, nos referiremos a la Fantasía cuasi una sonata, un poema que de Greiff asocia con la sonata para piano N.º 14 de Beethoven. El preludio del poema destaca la mención de la Noche y de las teclas negras del piano, importantes en la tonalidad do sostenido menor de la sonata:
Noche, piano de ébano:
pulsan tus teclas negras, como garfios, los dedos rígidos de mi pena,
Noche, Noche Morena,
oh Noche, oh piano en que Beethoven sollozara un arioso dolente,
si no un adagio sostenuto!
Pulsan, punzan mis dedos tu teclado impasible,
tu teclado morboso, hipersensible,
—con el deseo absurdo, con el propósito imposible
de trocar en sortílego, inasible
tejido de armonías
perdurables, la haza acerval de trastocadas fantasías
que se embarullan en el caos diminuto de mi mente
oh Noche, oh piano en que Beethoven sollozara un arioso dolente,
si no un adagio sostenuto!
Don Otto
Poeta, traductor de escritos provenientes del inglés, el francés, el italiano, el sueco y muy en especial el alemán, profesor universitario de varias disciplinas, ensayista, gran aficionado al ajedrez, coleccionista, botánico por afición y, sobre todo, un melómano que compartió noblemente con sus semejantes la emoción y el conocimiento que se derivaban de su gran amor por la música. Hombre de vasta y alta cultura, parece encarnar entre nosotros el ideal renacentista en la Colombia del siglo XX. Su rectitud, sencillez y calidad humana, su discreción y fino humor lo convirtieron en una figura querida y respetada por todos los que estuvieron cerca de su persona o de su obra.
Con pocas interrupciones y a partir de mediados de la década de 1950, don Otto sostuvo hasta 1995 en el periódico El Tiempo un registro de las actividades musicales de la capital. Aquella columna se constituyó en un auténtico magisterio público encaminado a educar a los asistentes a conciertos mediante información, análisis, comentarios críticos y reseñas sobre las obras, autores e intérpretes. Se opuso al acento conservador que casi todos llevamos dentro y que pocas veces nos permite avanzar más allá de Brahms o de Mahler.
Muchos afortunados recuerdan su Curso de apreciación musical y muy en especial su Historia ilustrada de la música, grabada por él mismo para la Radiodifusora Nacional, luego publicada en catorce volúmenes de cuatro casetes cada uno y, posteriormente, digitalizada y remasterizada por la Radio Nacional de Colombia en dos DVD que incluyen la compilación de 200 programas.
Dos folletos
Entre las publicaciones del maestro Otto de Greiff pueden destacarse dos asociadas con sendos acontecimientos musicales auspiciados por la Sociedad de los Amigos de la Música. El primero es Las sonatas para piano de Beethoven, con notas informativas sobre las 32 sonatas que interpretaría el extraordinario pianista Wilhelm Backhaus en el Bogotá de 1951.
El segundo es Los cuartetos de cuerdas de Beethoven, editado como preparación al ciclo de los 17 cuartetos que interpretara en Bogotá en 1948 el Cuarteto de cuerdas húngaro, acontecimiento musical calificado por de Greiff como el mayor ocurrido en Colombia.
También está presente en la poesía de don Otto una clara relación con la música, como puede verse en Grafismos del grifo grumete. Ya en 1928 el poeta Eduardo Carranza diría: «Otto de Greiff posee una agudísima sensibilidad melódica y una vasta cultura musical, elementos que, trasladados a su poesía, la bañan de una hechizante atmósfera, de un extraño ritmo cristalino.»
Todo es fulgor en la nave;
mas ninguna lumbre sabe
cegar el nonato amor.
—Pedid, señora!— demanda
a la flor azul de Irlanda
el caballero Tristán.
Cómo eternamente es nuevo
el símil del medioevo:
torre es él de firme piedra,
y es Isolda dócil hiedra
que sumisamente medra,
urgida de ignoto afán,
en torno de la armadura
de donde esplende y fulgura
tu gloria pura, ¡Tristán!
El traductor
Queremos señalar la importante tarea cumplida por Otto de Greiff en el campo de la traducción de textos y de las versiones al español de poesía proveniente de otras lenguas, con especial atención a la relacionada con la música. En esas versiones no se ha perseguido la ingenua correspondencia palabra por palabra, sino que se ha querido conservar el sentido lírico del poema y respetar dentro de lo posible la forma original de los versos.
Aunque don Otto se ocupó de traducir diferentes poetas, mostró una predilección por Goethe, tal como lo testimonia el libro editado por El Áncora Editores en 1998 con el título Goethe – Poemas y canciones. Como son tantas las canciones que han utilizado los textos de dicho autor, tenemos aquí una clara relación con la música, especialmente cuando pensamos en esa cumbre del Lied, o canción artística alemana, que fue Franz Schubert. En el mencionado libro aparecen versiones de canciones de este compositor tan importantes como Ganímedes, El rey de los elfos y Margarita en la rueca. Las versiones de de Greiff respetan en la traducción los acentos musicales que el compositor hizo recaer sobre determinadas palabras.
El propio Stefan Zweig le envió al traductor una carta en la que le decía que sabía suficiente español para afirmar que sus versiones eran muy apropiadas.
De mi corazón
huyó la paz;
no puedo encontrarla
ya nunca más.
Donde estoy sin él
la tumba está;
el mundo entero
pavor me da.
Sólo por él
salgo al balcón,
y por las calles
tras él voy.
Su altivo paso,
su noble ademán,
sus labios sonrientes,
su arrogante mirar.
De sus palabras
el manantial,
su mano franca,
¡y ay! ¡su besar!
León de Greiff, quinto de izquierda a derecha, y Otto de Greiff, quinto de derecha a izquierda, con músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia y azafatas antes de embarcarse hacia Medellín. También aparece el director de la Orquesta: el recordado maestro Olav Roots, tercero de derecha a izquierda. Fondo León de Greiff. División de Gestión Documental Archivo Central e Histórico, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá · Foto cortesía de Avianca, Sección Científica.
Dos valiosos legados para Medellín
Al buen cuidado de la Biblioteca Pública Piloto se encuentran dos tesoros generosamente donados a la institución por los descendientes directos de los hermanos de Greiff. De una parte, está la importante biblioteca personal de don León, de un enorme valor si se tiene en cuenta la erudición y gran cultura del maestro; y, de otra parte, se tiene allí el Fondo Otto de Greiff con más de siete mil discos de música clásica, miles de libros, 800 partituras, y abundantes artículos, recortes y programas de mano con análisis e información sobre compositores, obras e intérpretes.
Texto basado en la adaptación del guion para el programa Tertulia Divertimento, emisora cultural de la Universidad Nacional de Colombia-Sede Medellín, bajo la dirección del profesor Alberto González.
Tema (Adagio)
cuarenta y tres variaciones y fuga
El cuarteto de cuerdas. Un oboe. Un fagot; una trompa; un clarinete: y una contralto joven. El tema (literario) es de Edgar Poe.
El cuarteto de cuerdas. Un oboe. Un fagot; una trompa; un clarinete: y una contralto joven. El tema (literario) es de Edgar Poe. Las Variaciones, mías, ¡oh poete!
Ni de Bach, ni de Mozart, ni Beethoven la Fuga, ¡helas! —aunque los tres se fugan al oílla (¡hasta el Sordo!) con Fonóe— —la contralto— y los tres el ceño arrugan (¡hasta Bach, tan benévolo!, arremete contra el poete!) (odia a quienes troven musicando...)
Beethoven nada dice pues poco oyera. Mozart, en Constanza piensa —quizás— o —acaso— se deslice su pensamiento hacia otra dona: usanza muy muy suya, pues pétale la danza sexual con la Dusek, con Cloe o Nice, con Gretchen, Olga, Asunta o Doralice