Sin embargo, y partiendo de la base, como ya dijimos, de que las obras y los autores a los que menciona en sus versos constituyen un tema imposible de abarcar en unas pocas líneas, lo que sí podemos hacer es dejarnos guiar por el mismo escritor a través, nada más y nada menos, que del primer poema que podían encontrar los lectores al abrir su primer libro publicado: Tergiversaciones, y que además lleva el mismo título.
En este poema que abre su primera publicación, nos dice que iluso suele rimar:
“…mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...”
“… al uso de alucinado Poe que el alcohol destripa!,
de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin... hasta del Padre Víctor Hugo omniforme...!”
Para empezar nos habla de George Gordon Byron, más conocido como Lord Byron, poeta británico nacido en 1788, que se consagró como una figura esencial del romanticismo europeo y que adornó su vida con episodios novelescos como el de participar en la lucha por la independencia de Grecia.
Sigue con otro romántico, Edgar Allan Poe, nacido en 1809 Baltimore, Estados Unidos, y quien aún hoy en día es considerado como uno de los poetas más notables en lengua inglesa y además uno de los autores clave para comprender las formas modernas del cuento y la novela corta.
Después nos pone cara a cara con los llamados poetas malditos: Charles Baudeleaire, nacido en París en 1821; Paul Verlaine, nacido en Metz, en 1844; y Arthur Rimbaud, nacido en Charleville en 1854.
Así pasamos a Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, nacido en León, Nicaragua, en 1867, y que se convertiría en una figura cimera del modernismo en lengua castellana. Y como colofón, parece regresar voluntariamente en el tiempo para saludar con reverencia a otra figura del romanticismo: Víctor Hugo, nacido en Besanzón, Francia, en 1802.
Más que de influencias, el poeta parece estar hablándonos de sus gustos en asuntos de literatura, y así lo seguirá haciendo a lo largo de su extensa obra. De modo que el lector juicioso y, sobre todo, curioso, que quiera escudriñar su obra, tendrá, si así lo quiere, la deliciosa oportunidad de ir encontrando aquí y allá menciones directas e indirectas a todo un catálogo selecto de la literatura universal, desde Shakespeare y los autores españoles del Siglo de Oro hasta el poeta persa Omar Khayam.
Y si el lector quiere sumarle a la curiosidad algo de espíritu de aventura, entonces puede pensar que el poeta lo está invitando sencillamente a gozar de las lecturas de esos autores, quizás con la esperanza de que llegue a amarlos tanto como los amo él mismo durante su vida.